El tostado de la avellana no solo potencia su aroma y sabor, sino que parece concentrar su aporte proteico hasta los 17g por cada 100g. Aunque la densidad calórica se mantiene, el proceso térmico reduce drásticamente los carbohidratos netos (solo 0.5g), lo que las hace excepcionales para dietas cetogénicas o muy bajas en hidratos. Son una fuente magnífica de energía concentrada para montañeros o deportistas de resistencia. Sus grasas saludables ayudan a reducir la inflamación y proporcionan una saciedad duradera, convirtiéndolas en el acompañante perfecto para una pieza de fruta o un yogur proteico.
Si las picas y las añades a tus ensaladas o cremas de verduras, la grasa de la avellana ayudará a absorber las vitaminas liposolubles (A, D, E, K) de los vegetales.